Quien dice que los perros no sonríen, claro que si, lo importante es saber mirar y entender esa sonrisa, y una de esas sonrisas que se quedará por siempre guardada en mi corazón es la de Kimba. Kimba era una hermosa samoyedo que nació en diciembre de 1992, y en febrero de 1993 llegó con nosotros a formar una parte muy importante de la familia. Kimba llegó a cambiar nuestra vida, la hizo mejor, era como un remolino siempre llena de energía corriendo de un lado a otro con su mirada tan alegre y esa sonrisa que no era simplemente la llamada "sonrisa del samoyedo", era más, mucho más. Tenía una adoración especial por la tierra, y a falta de jardín, encontró una gran diversión liberando a las plantas de las estorbosas macetas, así es que no era Siempre me pregunté cómo podía hacer tantas cosas en tan poco tiempo, ya que a veces una simple salida al súper, bastaba para que ella hiciera su trabajo. Los domingos Kimba iba a su escuela de obediencia, siempre con nosotros claro, porque no era una de esas feas escuelas en donde los dejas y te vas; mas bien, una escuela en donde ellos aprenden contigo y viceversa. Llegábamos a las 7am para que tuviera una hora para jugar antes de empezar sus clases, de 8am a 10am tomaba clase y al terminar tenía una hora mas para jugar, siempre regresaba a casa cansada y enlodada pero feliz. Le gustaba tanto ir a su escuela, que parecía tener un calendario integrado, era increíble como los domingos se levantaba mas temprano y entraba corriendo a despertar a Papá dando manotazos en la cama y ladrando a todo pulmón en su oído. Con el tiempo Kimba se fue olvidando de las macetas, y cuando Nikky nuestra otra perrita llegó, se convirtieron en compañeras inseparables. Mi Papá y Kimba eran los mejores amigos, para los dos, los mejores momentos del día eran cuando salían a caminar juntos. Las travesuras se fueron quedando atrás, Kimba se convirtió en una perrita modelo, súper sociable y bien portada, pero siempre alegre con esa sonrisa tan grande y los ojos tan expresivos, ella como Nikky, siempre nos recibía feliz, y como saludando de mano, el saludo no estaba completo si no hasta que te daba la patita, lo cual nos hacía reír Por una de esas incomprensibles cosas de la vida, un día le diagnosticaron diabetes, y a pesar de que se le estuvo controlando con medicamentos, la enfermedad le fue robando la energía, aparecieron cataratas en sus ojitos y aunque una oportuna operación le devolvió la vista, el brillo y la alegría de su mirada se empezó a desvanecer, fueron años luchando contra esa enfermedad pero cuando su sonrisa se fue, fue cuando nos dimos cuenta de que Kimbita se iba de nuestro lado. Kimba murió en julio del 2003, a los 11 años de edad, una triste madrugada a las 4am su corazón dejó de latir, pero Kimba se fue, pero sé que ahora está bien de nuevo y la imagino otra vez sana y fuerte con su enorme sonrisa y el brillo de sus ojos nuevamente en su mirada. Te amo kimbita, te extrañamos mucho, pero algún día vamos a estar todos juntos otra vez. Esto es para ti. |
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