Rakky

Para mí era hasta el momento un día como cualquier otro. 22 de diciembre de 2004. Rakky comía en su plato la levanté y la besé (no sabía que por última vez en mucho tiempo).

Estaba cansado y me dormí un rato. Llegó la mamá de mi hijo y eso me despertó. Conversamos un momento y ella salió (después nos dimos cuenta de que fue cuando abrió la puerta que Rakky se salió). Más tarde bajé a la sala y sentí un gran vacío en la casa. - ¿Dónde está Rakky? - fue mi primera pregunta. La buscamos, la llamamos, tocamos el timbre de la casa y no ladró. En ese triste momento, comprendí que se había perdido. Eran las 7:30 PM

Gritos en la casa, en la calle, caminar y caminar una y mil veces la cuadra, el parque, los alrededores. Nada, ni rastro de ella. A las 10 PM comenzó la labor de pegar letreros mojados con lágrimas. Una labor que se repitió diario durante tres agobiantes semanas. La primera noche sin ella.
Desperté sobresaltado varias veces pensando que había sido un mal sueño.

Tuve que decirle a mi hijo que había perdido a Rakky. Sus palabras "cuida a Rakky" y "besito a Rakky" me queman las entrañas. Recordar como la acariciaba y la besaba me hace llorar. Le prometo que la encontraré y que jugaremos juntos los tres de nuevo.

Tenía que salir del DF. No pude cambiar mi boleto del día 25 ni cancelar el viaje porque mi hijo se quedó conmigo. Regresaba el 28. Al llegar a mi destino no pude adelantar mi regreso. Una semana desde que se perdió, llegaban las primeras llamadas, hice las primeras visitas a veterinarias y
la primera de las agonizantes visitas al antirrábico. Si existe una visión dantesca del infierno de los perros, es un antirrábico. Lo que ví ahí aún me persigue. Quisiera hacer algo por ellos.

Las ideas se multiplican: letreros en mi auto, en veterinarias que me encontraba en el camino, en todas las de la zona (sección amarilla en mano), más visitas al antirrábico, anuncios en periódico, en segunda mano, en internet. Nada. El teléfono mudo.

Viene la estafa. Me llama alguien que dice que la tiene. Me pide una tarjeta de celular para "poderme hablar" porque no tiene ya crédito. Caigo en la trampa, pago, a las pocas horas me doy cuenta de que me tomaron el pelo. No me duele lo que pagué sino la decepción pues ya había preparado un
banquete para recibir a Rakky.

Año nuevo. Todo mundo celebra. Yo no. Me la paso sólo en la calle con una amiga buscando a Rakky. Me parece haber oído su ladrido en una casa de la cuadra pero no estoy seguro. Regreso varias noches a esa casa. El ladrido es el de ella y comienza cuando me acerco. Me está oliendo pero no estoy
seguro todavía. El ladrido calla una noche. Pierdo la esperanza.

La depresión me está taladrando la vida. No puedo trabajar. No me puedo concentrar en nada. Sólo pienso que debería estar buscándola en vez de estar haciendo lo que estoy haciendo. No hay vida, no hay alegría, la pérdida me ha tocado para siempre. Equiparo su pérdida a la de mi hijo.
Rakky no es como mi hija. ES MI HIJA. La especie no marca diferencia alguna. Pequeña, peluda y ladra en vez de hablar, es mi hija.

La gente comienza a verme y a mover tristemente la cabeza. Me dicen que cese en mi búsqueda. Que hasta cuándo seguiré. - ¡Para siempre si es necesario! - les contesto. No puedo dar por terminada la búsqueda, la continuaré por el resto de mi vida. "No es tu culpa" me dicen algunos. - No
lo es - les contesto - pero sí es mi responsabilidad.

Una día me despierto. Soñé que regresaba. Tuve la certeza de que ese día volvería. Las llamadas comienzan a entrar de nuevo. Nada, pero me siento más animado. Durante el día veo un negocio de lonas y pienso en preguntar cuánto cuestan, ¿para qué? - me pregunto - si hoy va a aparecer. Son las 11 PM. El día ha terminado. La llamada bendita. Una persona ve uno de mis letreros y cree que es Rakky la perrita que encontró. Lo ve tan cerca de mi casa que cuando abro la puerta lo primero que veo es a Rakky. La abrazo, lloro y la cubro de besos, bendiciendo cada una de las horas que pasé buscándola. Gente fina que no me pide nada. La señora está conmovida. Me la dejan con todo y el suéter que le habían comprado. Viven en la casa donde había escuchado el ladrido. Estaba en lo cierto.

La primera noche de vuelta en casa. Al día siguiente tengo que salir pero de regreso compro un pollo y me tumbo a ver una película con Rakky al lado mientras nos lo comemos. Me tomo fotos con ella y por fin puedo decirle a mi hijo, ¡La encontré!

Las últimas acciones, dar las gracias a las veterinarias, a todos los que me ayudaron, avisar que apareció y llevar un detalle a la casa de la familia que la devolvió. Lo que más les gustó fue la foto donde estamos Rakky mi hijo y yo juntos de nuevo. La familia unida otra vez. Lo que ellos me dieron no lo puedo pagar con nada. Nos devolvieron todos los amaneceres que se fueron con Rakky.

A Rakky le encanta echarse en un huequito de la cama. El vacío de ese huequito es más grande que todo el universo, y tenerla de nuevo ahí, calienta la casa más que mil soles.

Por: Alvaro Castiello

 
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