Rocco

Jueves 24 de marzo (jueves santo) de 2005, 5:30 AM.


La rutina diaria comienza bien. Unos gruñidos moderados de Rocco y la subida de sus patas delanteras a mi cama son signos inequívocos de que ya es la hora de levantarse, vestirse, tomar el Jeep e ir al Bosque de San Juan de Aragón, como lo hemos hecho juntos en los últimos 500 días de nuestras vidas en conjunto. Parte de esa rutina es pasar por mi hermano Rubén, pero como es semana santa, él ha decidido no asistir al bosque en estos días, el viaje lo haremos Rocco y yo solos.

En el bosque todo es normal, a pesar de que ya amanece mucho más temprano que en el resto del año, nuestra llegada es cobijada aun por la oscuridad y la enorme calma del bosque antes del amanecer.

El Bosque de San Juan de Aragón tiene una extensión de 162,028 m cuadrados. Todos y cada uno de ellos conocidos al detalle en su mundo de olores por Rocco, conoce todos los caminos, sus conexiones, a los deportistas mañaneros y a las decenas de personas que todas las madrugadas asisten a ese lugar, sabe perfectamente las zonas donde los patos salen del lago a recibir el sol y desde luego conoce a los muchos otros congéneres suyos, que como él pasean, corren, entrenan y viven en el Bosque.

7:20 AM.

Es la hora de emprender el regreso, aunque es jueves santo y no trabajo, ya es el momento de ir a casa, además dado que es un día festivo, de manera inusual está llegando una enorme cantidad de gente al bosque. Rocco suele alejarse, pero nuca demasiado, sin embargo hoy está muy lejos de mi, aguzando la vista allá muy a lo lejos lo miro con un grupo de perros. Avanzo hacia él y comienzo a chiflarle, que extraño… siempre asiste al primer chiflido ya van más de cinco y no regresa.

Definitivamente ya no lo alcanzo a ver… sigo chiflando pero él no regresa, comienzo a preguntar a los conocidos, todos lo han visto y les ha extrañado que no esté yo a su lado… la gente sigue llegando en enormes cantidades al bosque… alguien lo ha visto siguiendo a una pequeña perra de color blanco… encuentro a un conocido que viene del lugar donde yo estaba… su comentario es que Rocco está por allá… la gente comienza ya a ser casi una muchedumbre, se instalan puestos de todo, bicicletas con niños… Rocco no aparece, por allá, no por allá, más para allá, junto a aquello, por aquel sitio… No hay duda, se ha extraviado, presa yo del pánico voy de un lugar para otro pero ya todo es imposible, la cantidad de gente sobrepasa cualquier lógica canina y cualquier intento de ubicación de su parte.

Es sin duda alguna ese jueves santo uno de los días más difíciles de mi vida, yo con mi angustia y la gente llegando más y más. Por cierto, dado que el Bosque de Chapultepec permaneció cerrado esos días para su rehabilitación, y que de manera inusual la administración del Bosque de San Juan de Aragón anunció en los noticieros de Televisa su apertura toda la semana, la cantidad de gente que llegó ese día sobrepasó cualquier pronóstico. Solo como dato hay una pequeña alberca que ese día estuvo abierta al público, en no más de 100 m cuadrados se registró la entrada de 6,700 personas ¿Cuántas habría en 162,028 m cuadrados de todo el bosque? 30,000… 40,000… 100,000 o tal vez 200,000 personas, es imposible saberlo.

Mi familia, mis amigos y yo buscamos a Rocco por doce horas ese día. Esa noche en mi casa en verdad que lo extrañé. Vivo solo con él, de pronto no había ningún ser a quien cepillar, nadie que me acompañara a regar las plantas y el pequeño jardín de casa, esa presencia que por la noche a donde yo me moviera él se movía conmigo, nadie a quien rascar la panza ni jugar a las “fuerzitas” con la mordedera.

El viernes santo la búsqueda continuó, de nuevo todo el interior del bosque y las avenidas y calles cercanas. Nada, como si se lo hubiera tragado la tierra.

Sábado santo, más buscar y buscar, colocar en cientos de lugares del interior del bosque carteles con sus datos y el aviso de una atractiva recompensa. Nada. Mi esperanza era que alguien se lo hubiera llevado y que al ver los carteles se decidiera por el dinero y lo devolviera. Nada de nada. Carteles en todas las calles cercanas al bosque, en los mercados, en las muy pocas veterinarias abiertas ese día por esos rumbos. Nada.

Esos días muchos de mis amigos y conocidos se enteraron del extravío del Rocco, entre ellos una familia donde el perro vivió un mes y que fueron quienes me lo regalaron por no tener tiempo ni espacio para él. Uno de los integrantes de esa casa es Gaby.

Sábado 26 de marzo (sábado santo), 11:00 PM.

José y Gabriela son un chico y una joven, cada uno de ellos tiene 23 años, son pareja, su familia de ella salió de la ciudad esos días pero Gaby (primera favorable coincidencia) no quiso ir con ellos, sus razones tendría pero se quedó en casa. Los días anteriores en la calle donde vive Gaby (segunda favorable coincidencia) hubo muchos bebedores de esos que se amanecen tomando y arman pequeños escándalos y gritan mucho por la noche, por eso Gaby le pidió a su novio que ese sábado no se fuera hasta que regresara su familia. José es un joven saludable, no es un deportista profesional pero hace ejercicio con regularidad, pero ese día estando con Gaby (tercera favorable coincidencia) se le antojó tomarse un trago, en la casa no tenían más que una pequeña botella de tequila pero ningún refresco. Decidieron ir a la tienda por un refresco marca Squirt pero (cuarta favorable coincidencia), la tienda más cercana estaba cerrada; fueron a la de dos cuadras adelante (quinta favorable coincidencia), también estaba cerrada; entonces fueran a la de la avenida (sexta favorable coincidencia), refrescos de toronja no tenían de esa marca, discutieron un poco, Gaby decía que ya, que del que hubiera estaba bien, pero José dijo que no, que ahora era un capricho y que o era refresco marca Squirt o no quería nada así que se fueron sobre la avenida tres cuadras más para allá buscando una tienda abierta y… en le camino… en un camellón casi sin luz… entre muchísimas bolsas de basura, miraron que algo brilló y escucharon un chillido muy bajito de un perro, un poco asustados dieron la media vuelta y al querer partir el chillido creció de volumen.

Gaby giró su cabeza y como por intuición dijo… ¿Rocco?... el pequeño chillido se convirtió en un lamento, un aullido bajito, lastimero… ¿Rocco?... una cabeza a la que le colgaban unas enormes orejas (clásicas de la raza bloodhound) asomó y siguió el sonido lastimero… ¿Rocco?... ese ser avanzó con la cabeza hacia abajo y notablemente cojeando de una pata trasera… ¡eres tú Rocco!...
El perro siguió avanzando y fue directo a lamer la mano de Gaby… Rocco había sido encontrado.

11:18 PM.

Estoy muy triste y desconsolado en mi casa, todas la luces están apagadas, sigo pensando en mi perro, deseando que tuviera buena fortuna y que no terminara en la azotea de una casa, que no fuera maltratado, que no se olvidaran de darle de comer y de beber y que después de tiempo quienes lo tuvieran decidieran deshacerse de él y lo fueran a abandonar a cualquier sitio… vaya que estaba pesimista esa noche.

De pronto mi hermano Rubén abrió la puerta de la calle, entro rápidamente a la casa y me dijo “Ya apareció el Rocco, lo tienen en la casa de Gaby”. Fuimos lo más rápido posible hasta ese lugar, en el camino la verdad es que se me salieron algunas silenciosas lágrimas, me sudaban las manos y me latía aceleradamente el corazón. Apenas y llegamos a la calle, aun estacionando el Jeep Rocco comenzó a aullar y chillar desde dentro de la casa. Cuando abrieron la puerta con todo y su muy maltratada pata corrió hasta mi y se me subió en dos patas y yo lo abracé mucho, como nunca, lo acaricié y no dejé de repetirle todo el tiempo “¿por qué, por qué, por qué?”

Regresamos a casa, Rocco estaba hecho una verdadera lástima, extremadamente flaco, con innumerables mordidas por todas partes, una en particular en la pata trasera izquierda y otra muy grande en una de sus enormes orejas, su pelaje totalmente áspero, asustado, temeroso, triste… pero al fin en casa.

Tomó muchísima agua, comió, lo limpié un poco y se quedó dormido, lo que nunca en su vida, durmió de las doce de la noche hasta las diez y media de la mañana del otro día.

Ese es mi relato y espero que su final sea como el de todos quienes tienen a su perro extraviado, de verdad lo deseo de todo corazón.

Gracias.

Juan Avilés Mijares

 
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