"Apología de Osa"

Hará un mes el 28 de julio que a nuestra casa llegó
Osa. Habíamos decidido adoptar un perro, así que mi
hijo y yo fuimos al Hospital de la Protectora Nacional
de Animales en busca de uno, por el camino, Alexander
(que tiene 3 años) insistía que quería un perro negro.
Si ustedes creen o no en destino, es cosa aparte, sólo
puedo decirles que Osa es negra, que lloró cuando nos
fuimos y mi hijo también porque no nos la llevamos ese
día. Estaba echada en un rincón cuando llegamos, casi
convencida que no valía la pena prestarnos atención ya
que seguramente otro perro sería más afortunado que
ella, pero se equivocó.

Contrario a lo que la mayoría de la gente piensa
(incluida mi familia), mi perra adoptada se porta de
maravilla, no hace travesuras, no ladra a la gente y
no agrede a otros perros. Titulé esto apología porque
la gente cree erróneamente que Osa es fea, agresiva,
mal portada. Basta decirles que a veces me obedece más
que Alexander, no jala la correa como los french
poodles que pasean por la calle, no orina en los
pasillos como los perros de mis vecinos, no trata de
morder a sus congéneres a diferencia de algunos
humanos.

Es noble, se desvela conmigo, le encanta jugar y cuida
a Alexander aunque mi marido diga lo contrario. Sé que
la pobre no ha tenido suerte, tal vez aún esté
comprendiendo que esta vez su casa es para siempre.

No importa que la gente en la calle a veces la llame
corriente ni que se bajen de la banqueta para que ni
los huela, a ella no le importa, ni a mí, porque su
corazón es más grande que el de todos ellos juntos.
Es una amiga nueva, es una perra extraordinaria que
extrañaré mucho cuando le llegue el turno de
marcharse.

A los que leen esto: adopten, no se arrepentirán.

Si ya no puede ir peor, has un último esfuerzo
y espera que sople el viento a favor.

Jessica Lugopor.
 
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