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Estudios cientìficos revelan que las mascotas experimentan miedo, celos tristeza y, en especial, amor. Hace poco John Van Zante vio a Max, un labrador retriever, sentado tranquilamente en un hogar para ancianos junto a una mujer en silla de ruedas que le acariciò la cabeza durante varios minutos. No fue sino hasta que la mujer se moviò del lugar que Van Zante se dio cuenta de que la silla de ruedas habìa estado sobre la cola de Max todo el tiempo. Max no se habia quejado en lo absoluto. "Evidentemente le dolìa, pero parecìa saber que la mujer tenìa necesidades especiales, asì que lo aguantò", dice Van Zante, director de comunicaciones del Cetro para Animales Helen Woodward en Rancho Santa Fe, California. Van Zante no entiende por què algunos cientìficos argumentan que los animales no tienen emociones, que sòlo responden a incentivos, como autòmatas. "Si fuèramos simplemente una fuente de comida, estoy seguro de que la reacciòn de Max hubiera sido distinta", dice, "¿Acaso los cientìficos no saludan a sus perros que agitan la cola cuando los reciben?". Bueno, sì. Pero son màs escèpticos en cuanto a lo que ven. Durante dècadas, los sicòlogos han descartado la idea de que las mascotas pueden amar a los humanos. Argumentando que los animales que aparentan expresar emociones simplemente estàn reaccionando a impulsos hormonales dispados por "estìmulos externos". Pero ese punto de vista està cambiando, gracias a un pequeño grupo de investigadores. Apartir de estudios con perros, chimpancès y muchas otras criaturas, la ciencia ha comenzado a coincidir con lo que los dueños de mascotas siempre han sospechado: los animales experimentan miedo, celos, trizteza y, lo màs importante, amor. Cada vez màs dueños de mascotas dependen de sus amigos peludos para obtener apoyo emocional. "La gente està posponiendo el momento de tener hijos, pero aùn necesitan esa conexiòn, ese amor", dice Tamar Geller, dueña de The Loved Dog Co. en Los Angeles. Ademàs de Charles Darwin, la mayorìa de los investigadores del comportamiento animal creìan que èstos no tenìan emociones, o que, si las tenìan, nunca lo sabrìamos. Con el paso de los años, dicha creencia se transformò en dogma. Luego, en los 60, llegò Jane Goodall, "Siempre tuve un maestro increible". Rusty, un perrito negro que vivìa en un hotel de su vecindario, "iba conmigo a todas partes, y ni siquiera era mìo. En el hotel, era desobediente, pero conmigo era muy obediente y sensible. Por supuesto, pensaba que los animales tenìan emociones, personalidades". Sin saberlo, Goodall se rebelò contra las pràcticas cientìficas estàndar en la selva africana, dàndole a sus chimpancès nombres y describiendo su comportamiento con palabras como "alegrìa", "depresiòn" y "tristeza". Los expertos de la universidad de Cambridge se mostraron escèpticos, pero sus estudios eran irrefutables. Hoy, investigadores que cotinùan el trabajo de Goodall han descubierto que la mayorìa de los males experimentan miedo, la màs antigua de las emociones, y que muchos pueden sentir algo similar al amor. "Aman" pero a cambio de cobijo, afecto y comida No es de sorprender que el animal que ha mostrado mayor complejidad emocional es el perro. Estudios recientes muestran que son incluso mejores que los chimpancès a la hora de interpretar las emociones humanas, lo que indudablemente les ayudò a conseguir alimento y refugio en las cuevas del hombre primitivo. Samuel Gosling, biòlogo de la Universidad de Austin, Texas, dice que es una combinaciòn de obediencia e inteligencia. Estas dimensiones son muy similares a las categorìas de la personalidad humana. El problema con estas investigaciones es que muchos entusiastas, especialmente gente sin conocimientos, tienden a pasarse de la raya. Comparar las emociones humanas con las animales es como comparar la visiòn en blanco y negro con la visiòn en color, es el mismo concepto, pero èsta ùltima es muchìsimo mas compleja. En lo que se refiere al amor, las mascotas adoran a sus dueños, pero no de la misma forma en que nosotros queremos a nuestra familia. "Lo que los induce al cariño es muy primitivo: comida, cobijo, afecto. No piensan, este tipo se ve interesante, voy a ser su amigo", dice Jon Katz, autor del reciente libro The Nez Work of Dogs. Gracias a los nuevos estudios tendremos respuestas y tambièn nuevas preguntas: ¿Es justo mantener a seres con emociones en jaulas y patios pequeños? Si las ratas y los conejos sienten, ¿còmo podemos justificar los experimentos con ellos? Las investigaciones con animales de granja apenas comienzan, ¿cambiaràn nuestros hàbitos alimenticios? Y, ¿pueden nuestras mascotas querernos realmente? Al menos, esta pregunta ya esta resuelta, no importa quien la conteste, la respuesta es sì. Mary Carmichael Artículo publicado el día 28 de Septiembre de 2003 en el periódico El universal |
Debate: Los perros y otras especiesregistran ciertos sentimientos, pero no se comparan con los de los humanos |